Cuando hablamos de inestabilidad pélvica en el sistema musculoesquelético, casi nadie piensa en la pelvis. Ni siquiera la medicina convencional se refiere a este concepto, salvo en el contexto del embarazo a término. En quiropráctica tampoco suele hablarse de ello, y sin embargo, en mi experiencia clínica, es una realidad cotidiana.
Veo cada semana mujeres —mayores, pero también algunas jóvenes— que presentan un patrón repetitivo de subluxación pélvica. Vienen con molestias que se repiten, con una sensación de “desencaje”, con rigidez, dolor glúteo o de cadera, aveces incluso con disfunciones viscerales. No se trata de un solo episodio, sino de algo más profundo: una pelvis inestable, sin soporte funcional suficiente.
Lo curioso es que quienes suelen tener muy en cuenta este problema son profesionales del movimiento, como los instructores de Pilates, que tienen como objetivo, entre otros, la estabilidad pélvica. También algunos fisioterapeutas especializados en suelo pélvico comienzan a hablar de este tema. Pero en la medicina convencional y en muchos enfoques terapéuticos sigue siendo una gran ausente.
¿Qué es una pelvis inestable?
La pelvis es una estructura de carga y soporte en humanas. Forma el centro de gravedad del cuerpo, conecta la columna con las extremidades inferiores y protege órganos internos. Su estabilidad depende de tres grandes elementos:
- La integridad estructural de los huesos, ligamentos, tendones y músculos.
- La movilidad funcional de las articulaciones sacroilíacas y la sínfisis púbica.
- La coordinación neuromuscular de los músculos estabilizadores profundos.
Cuando este sistema no se coordina correctamente, aparecen desequilibrios que llevan a microdesplazamientos o subluxaciones repetitivas y compensaciones musculares y óseas en cadena. Muchas veces, esto puede ocurrir sin que haya dolor agudo inicialmente, sino como un problema de aparición progresiva.
¿Por qué es más común en mujeres la inestabilidad pélvica?
Las mujeres tenemos una pelvis anatómicamente más ancha y móvil, preparada para el embarazo y el parto. A lo largo de la vida, esta pelvis va adaptándose a cambios hormonales, a la carga física, al sedentarismo o a los partos. Todo esto puede alterar el equilibrio pélvico y debilitar su capacidad de estabilizarse.
Pero incluso en mujeres que no han sido madres, o que han pasado la menopausia, la falta de tono y coordinación del core profundo puede generar una pelvis inestable. Y aquí es donde entra la importancia del trabajo muscular específico.
El papel de los músculos profundos
Los músculos que estabilizan la pelvis no son los que se ven. Son músculos profundos como el transverso del abdomen, oblicuos internos y externos, suelo pélvico y multífidos (la capa muscular más profunda de la columna). Estos músculos forman una “faja” fisiológica natural que protege y estabiliza la columna y la pelvis. La ciencia nos muestra que estos músculos trabajan sinérgicamente. Por ejemplo: cuando contraemos el suelo pélvico, se activan los oblicuos, y el transverso y viceversa. Esta activación refleja y coordinada es fundamental para sostener la pelvis durante el movimiento y en el día a día.
Por eso, cuando en consulta veo un problema pélvico que se repite, suelo recomendar ejercicios específicos de activaciónde los oblicuos y el transverso, el llamado “core”, que pueden hacerse de forma muy simple y efectiva practicando Pilates, por ejemplo.
¿Qué síntomas puede dar?
La inestabilidad pélvica puede manifestarse de muchas formas: como dolor lumbar o de articulaciones sacroiliacas, dolor en la ingle o sínfisis del pubis, tensión en glúteos o isquiotibiales, contracturas en los glúteos al caminar , dolor al estar sentado y también disfunciones digestivas, urinarias o ginecológicas. Muchas veces estos síntomas repetitivos se atribuyen a “la edad” o a “mala postura”, cuando en realidad hay una causa funcional detrás: la pelvis no está siendo bien estabilizada.
Enfoque quiropráctico: devolver estabilidad y función
Desde la quiropráctica, el trabajo con la pelvis es muy preciso. El objetivo es restauran la movilidad articular, corregir las subluxaciones y, lo más importante, normalizan la comunicación neuromuscular. Al recuperar la movilidad correcta , los receptores articulares envían información más clara al cerebro lo que permite que el éste pueda reorganizar la respuesta motora.
Para un cambio definitivo, además del cuidado quiropráctico es imprescindible la realización de ejercicios de activación del core profundo. Ya no solo corregimos lo que está mal, sino que además enseñamos al cuerpo a sostenerse de otra manera.
¿Es solo cosa de mujeres mayores?
No. Si bien la inestabilidad pélvica es más frecuente a partir de cierta edad, también la veo en mujeres jóvenes con antecedentes de partos complicados, lesiones deportivas o incluso hipermovilidad constitucional. También afecta a hombres, aunque con menos frecuencia.
En cualquier caso, es importante dejar de pensar en la pelvis como una estructura rígida y pasiva, y empezar a verla como un centro dinámico de equilibrio y adaptación.
¿Y qué pasa con la parte alta?
Aunque en este artículo me he centrado en la pelvis, no puedo dejar de mencionar otro lugar clave donde a menudo se puede producir inestabilidad: la primera vértebra cervical, el atlas (C1). Especialmente en personas que han sufrido varios accidentes de tráfico, caídas o latigazos cervicales, el atlas puede perder su estabilidad, dando lugar a síntomas muy distintos pero igual de persistentes.
De eso hablaremos en el próximo artículo, porque el atlas inestable merece también toda nuestra atención.
En resumen
- La inestabilidad pélvica es más común de lo que se cree, y muchas veces no se diagnostica ni se trata adecuadamente.
- Afecta sobre todo a mujeres, pero no exclusivamente, y no siempre está asociada al embarazo.
- El fortalecimiento de los músculos profundos, junto con el ajuste quiropráctico, es una herramienta poderosa para restaurar la estabilidad y prevenir recaídas.
- Reconocer este problema es el primer paso para poder solucionarlo ya que a largo plazo puede tener consecuencias para la deambulación y la bipedestación




